Editorial

Revisar el texto, analizar la información, constatar la coherencia, buscar al dictaminador adecuado, imaginar al lector y ayudar al autor a comunicar sus ideas, son algunas de las labores cotidianas que como editora académica realicé durante más de una década, día a día, para Sinéctica.

Cuando Miguel Bazdresch me invitó a trabajar en la revista, no imaginaba todo lo que significaba ser una editora académica. Con el tiempo y el paso de un número a otro, fui descubriendo el oficio y me fui enamorando del mundo editorial hasta convertirlo en una de mis pasiones.

¿Por qué me resulta esto tan sugestivo? Porque implica la alquimia de transformar un tema en un conjunto de ideas construidas por las voces de los expertos, y porque es una interesante combinación entre la comunicación y la educación, que busca todo el tiempo responder preguntas como ¿de qué manera comunicar los conocimientos del campo educativo a los interesados? y ¿cómo, a través de estos conocimientos, los educadores pueden tener elementos para reflexionar y transformar sus prácticas?

Construir puentes entre investigadores y educadores ha sido un reto, una pasión y un proyecto de vida. En estos años, he visto cómo el mundo de las revistas –que era un campo relativamente estable- se ha transformado precipitadamente en los últimos tiempos. El internet, las redes sociales, el acceso abierto, la autopublicación, entre otros elementos, han modificado el presente y el futuro de las publicaciones periódicas.

Las revistas académicas tienen hoy tres grandes retos, además de cumplir con su periodicidad, calidad y prestigio:

El reto de evolucionar aprovechando la vorágine tecnológica y abrazando las posibilidades sociales que ofrece la Web para el trabajo colaborativo, comunitario y en red. Las revistas tienen la oportunidad, hoy más que nunca, de establecer contacto inmediato con el lector, vincular los comentarios de su público con las opiniones de sus autores, construir comunidad entre lectores y autores, y también entre los mismos editores académicos. Crear redes colaborativas que nos ayuden a construir conocimiento socialmente.

El reto de sobrevivir a las agencias multinacionales que compran el conocimiento producido por las universidades a través de sus paquetes editoriales, provoca, sin duda, que la figura del editor académico se desvanezca dentro de las instituciones de educación superior y se monopolice la producción editorial.

El reto de trascender el factor de impacto. Las revistas académicas tienen como objetivo la difusión del conocimiento producido en su campo disciplinar mediante la publicación de artículos validados por los especialistas del campo. Las revistas académicas no deben perder de vista que este es el objetivo y, para que ello se cumpla, deben estar al servicio del lector, del autor y de la vinculación en una comunidad de conocimiento.

Hay mucho por hacer, el campo editorial de las revistas se abre en posibilidades desafiantes y estimulantes.

Esta es mi última colaboración en Sinéctica como parte de su equipo editorial; en adelante mi apoyo será a través de la coordinación de publicaciones periódicas del ITESO. Será un placer ver cómo Sinéctica se sigue transformando y creciendo con la participación de sus lectores, autores, dictaminadores y consejeros.

Mi agradecimiento a todos los que me acompañaron en estos trece años. A mis colegas del Departamento de Educación. Al ITESO, por su confianza y su apoyo. A Brígida Botello, editora, por su magnífico trabajo. A Antonio Carrillo, diseñador y web máster, por su solidaridad y dedicación. Finalmente, y de manera muy especial, a todos los consejeros, coordinadores, lectores y autores, quienes han brindado su confianza a Sinéctica.

R. Alejandra García Bado

Directora de Sinéctica.