Los desafíos de la formación humanista
en la sociedad de la información

El final del siglo xx y el inicio del xxi, han traído consigo fenómenos complejos que han originado diversas conceptualizaciones y adjetivaciones que pretenden contribuir a la comprensión de las nuevas dinámicas socioculturales que vive la humanidad de este “cambio de época”.

Una de estas conceptualizaciones, derivada del vertiginoso desarrollo de las llamadas “tecnologías de información y comunicación” (tic), es la de sociedad del conocimiento o de la información. Ésta es una primera distinción importante para acercarse al fenómeno de la influencia de las tic en la vida de los seres humanos contemporáneos y a las nuevas formas de convivencia, fragmentación o incluso aislamiento social que este fenómeno está produciendo. ¿Se vive realmente en una sociedad del conocimiento o se trata más bien de una sociedad bombardeada de información?

Sinéctica 32 explora esta cuestión fundamental. No toda información es conocimiento, puesto que éste es un proceso complejo que tiene que ir mucho más allá de los datos que se acumulan cuantitativamente en un archivo, una base de datos o una red. Para que exista auténtico conocimiento tiene que haber comprensión inteligente, conceptualización lógica, reflexión crítica, recopilación de pruebas y evidencias hasta llegar a la formulación de juicios fácticos. De esta manera, la sociedad que se origina a partir de esta explosión de los medios de información y las redes mundiales no es propiamente una sociedad del conocimiento, sino una sociedad de la información, de la acumulación de datos que produce acumulación de riqueza material y de poder, del mismo modo que en épocas anteriores las producía el proceso de manufactura y generación de objetos y bienes de consumo.

Se vive hoy en una sociedad de acumulación de información que tiene diferentes niveles de inteligibilidad, profundidad, coherencia y relación con las realidades humanas que, muchas veces, no se distinguen y generan una especie de homogeneización de saberes que pone en cuestionamiento serio la veracidad, la pertinencia y las implicaciones éticas de estos datos acumulados y atesorados por los que detentan el poder y el control social.

Esta confusión e indiferenciación de niveles y tipos de información; este aplanamiento del conocimiento desde una visión simplificadora que produce miopías cognitivas que llevan a los seres humanos de hoy, más que en ninguna otra época, a “ser poseídos por las ideas que poseen” (según Edgar Morin),1 está planteando nuevos retos a la formación humanista.

¿Cómo formar seres humanos desde una perspectiva integral en un mundo que se caracteriza por este fenómeno llamado “sociedad de la información”, el cual va minando en gran medida la capacidad de distinguir, procesar, asimilar, diferenciar, analizar, cuestionar, reflexionar y tomar postura sobre los datos que se multiplican a velocidades inimaginables en Internet y en otros medios electrónicos?

Ésta es la pregunta guía del número 32 de Sinéctica, que pretendió no resolver, porque resulta una meta imposible, pero sí tratar de aproximarse desde distintas miradas al dilema que plantea la tensión entre sociedad de la información y formación humana.

Encontramos, entonces, planteamientos teóricos que buscan desarrollar y explorar los desafíos que traza la sociedad del conocimiento a la formación humanista, reflexiones sobre la ética profesional en estudiantes y profesores de posgrado, que revelan el cambio en los procesos de valoración de los profesionistas, que parece guiarse más por elementos cognitivos y técnicos que por valores éticos para la conceptualización de un “buen profesional”. Podemos ver, también, un planteamiento del reto de vinculación social de las universidades con las organizaciones de la sociedad civil, para promover el desarrollo humano y el comunitario en un tiempo marcado por el individualismo y la tecnificación de la vida; el planteamiento de un caso de formación humanista en un posgrado y sus retos ante el proceso de globalización, así como trabajos que reflexionan sobre la gestión del conocimiento desde una perspectiva humanista en esta sociedad de la información.

Destaca también la reseña sobre la ética de V. R. Potter, como una ética para la vida y su aporte necesario en una sociedad tecnificada y cientificista.

Muchas son las contribuciones de todos los trabajos presentados en este número 32 de Sinéctica y más, sin duda, los retos que quedan pendientes de explorar para poder trascender la visión de conocimiento como acumulación de datos y llegar a construir colectivamente una cultura de gestión del conocimiento y aprendizaje, que se conciba desde la visión de complejidad e implique una idea de conocimiento al servicio de la humanización y no una visión de conocimiento desarraigado de los sujetos cognoscentes y sus procesos de desarrollo.

La invitación a la reflexión queda abierta: ¿seremos capaces los seres humanos de reconstruir nuestra visión del conocimiento y orientar esta sociedad hacia un auténtico conocimiento que transforme para bien la vida de los seres humanos y de la humanidad como especie? Como afirma el mismo Morin, en este terreno “nada está escrito, tampoco lo peor”;-1 de ahí que el planteamiento inicial de este número se sustente en que, aunque la misión de la humanización por medio de la educación parezca imposible, no podemos renunciar a este compromiso, porque la dimisión resulta igualmente imposible.

Dr. Martín López Calva


1 Cfr. Morin, E. (2001). El método iv. Las ideas. Su hábitat, su vida, sus costumbres, su organización. Madrid: Ediciones Cátedra.

-1 Cfr. Morin, E. (2003). El método v. La humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid: Ediciones Cátedra.