Reseña: Desarrollo psicocultural de niños mexicanos

Book review: Psycho-cultural development of Mexican children

José Antonio Ray Bazán

aray@iteso.mx

Currículo: doctor en Educación. Investigador del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO. Sus líneas de investigación abordan el desarrollo y el aprendizaje desde una perspectiva cognoscitiva, la literacidad y la gestión del aprendizaje.

Libro: Desarrrollo psicocultural de niños mexicanos, coordinado por Rebeca Mejía-Arauz, México, ITESO, 2015. ISBN: 9786079361792.

Recibida: 27 de mayo de 2016. Aceptada para su publicación: 20 de septiembre de 2016.

Como la misma coordinadora de esta obra lo refiere en su presentación, se trata de un texto diverso, cuya unidad temática la encontramos en conceptos amplios y polivalentes, como desarrollo, niños mexicanos y condiciones socioculturales. En esta diversidad estriba parte de su riqueza; la otra parte, y la más significativa, radica en que muestra particularidades del desarrollo de niños mexicanos relacionadas con entornos socioculturales específicos.

El libro está integrado por ocho trabajos: cuatro refieren a investigaciones originales de los autores sobre diversos aspectos del desarrollo de los niños; dos abordan configuraciones socioculturales de situaciones que han cobrado relevancia en el contexto actual; y dos más son revisiones críticas de literatura actual sobre el desarrollo cognitivo y el lenguaje de niños mexicanos.

En el primer trabajo, Contrastes en el desarrollo sociocognitivo de niños en contextos urbanos y rurales o indígenas de México, Rebeca Mejía presenta el recuento de varios estudios comparativos entre niños de ambientes urbanos y niños de zonas rurales e indígenas, en cuanto a formas de relacionarse con los objetos y con los demás al resolver en un pequeño grupo una tarea de origami. Muestra las diferencias que se observaron en las habilidades cognitivas, en la comunicación y en las habilidades sociales, y cómo éstas tienen que ver con “constelaciones de prácticas socioculturales” propias de cada entorno.

El etnocentrismo nos lleva a pensar que nuestras pautas culturales urbanas escolarizantes, centradas en la promoción de competencias individuales focalizadas y mediadas a través del discurso, son las mejores para el desarrollo de las nuevas generaciones. En contraste, pensamos que los ambientes rurales e indígenas se caracterizan por una privación cultural con efectos perniciosos en el desarrollo de los niños. Los estudios que refiere Rebeca Mejía, el de Ulrike Keyser y el de Iván Rodríguez, cuestionan esta postura y revelan que los niños en entornos rurales e indígenas y en ambientes urbanos de excepción fomentan habilidades cognitivas, sociales y comunicativas con un alto valor adaptativo y de inserción productiva en los escenarios socioculturales donde viven.

Rebeca Mejía nos muestra que estos niños desarrollan habilidades de atención y observación que ella llama sociocognitivas, porque no están focalizadas exclusivamente en los procedimientos de la tarea a ejecutar, sino que también se atiende y observa el contexto social donde se desarrolla esta tarea. Es una observación intensa y multifocal que implica, al mismo tiempo, habilidades de comunicación no verbal, basadas en la atención a y decodificación de miradas, gestos, posturas corporales y que están al servicio de la colaboración para completar la tarea. Este desarrollo de habilidades no es espontáneo ni un asunto de folclor; está enraizado en prácticas socioculturales propias de estos entornos, como más adelante lo describe Keyser.

El texto de Ulrike Keyser, Actividades colaborativos en la educación en y para el trabajo entre niños y niñas en una comunidad P’urhépecha, analiza cómo un aspecto del desarrollo de los niños en una comunidad indígena, importante y valorado en la vida de la comunidad, está enmarcado en las tareas cotidianas de las familias y las actividades laborales de algunos de sus miembros. Este aspecto del desarrollo es la formación para el trabajo con una configuración de procesos y nociones en las cuales se destacan cuatro dimensiones de las que podemos aprender: a) la noción de trabajo como algo que trasciende la realización personal y tiene que ver con valores como el respeto, la reciprocidad y, por tanto, como una forma de construir el tejido social armónico; b) los niños y las niñas “se enseñan”, así, en reflexivo. Es el viejo tema del aprendizaje autoiniciado, del interés por y para aprender, del desarrollo de autonomía y autogestión, hecho práctica cotidiana; c) las diferenciaciones sutiles por género y edad de los niños. El entorno sociocultural marca diferenciaciones en esta participación según el género y la edad. Se trata de transiciones fluidas en las que, a la vez, se construyen identidades, se avanza en los tramos de responsabilidad y autonomía por la tarea asignada o emprendida; y d) la no separación entre mundo adulto laboral y mundo infantil. Los niños están presentes en el mundo adulto desde el rebozo materno que marca una forma de “estar” en el mundo. Están presentes en las actividades productivas de la familia, acompañan a los mayores en diversas tareas, se relacionan de la misma manera con otros adultos de la comunidad y participan, conocen y se enseñan.

Estas cuatro dimensiones se imbrican y forman una configuración o constelación que orienta y sostiene el desarrollo de niños y niñas respecto del trabajo en esta comunidad y en comunidades similares. En esto hay mucho que podemos aprender y aplicar en nuestros propios entornos.

Iván Rodríguez, en Piden pan y no les dan, piden queso les dan un hueso. Inteligencia social y habilidades infantiles emergentes en contextos institucionales, nos muestra la vida de los niños en los albergues y el desarrollo de competencias adaptativas para sobrevivir y salir adelante en un contexto sociocultural caracterizado por la privación de oportunidades amplias y diversas para un desarrollo más completo, pero que, por otra parte, es sobreabundante en otro tipo de experiencias consideradas como “privación cultural” desde la perspectiva de la “normalidad”.

El estudio muestra, como resultado de una indagatoria basada en situaciones lúdicas y proyectivas, cómo los niños de los albergues desarrollan inteligencia social como un recurso sofisticado para adaptarse a situaciones no prescritas; para ello, tienen que improvisar como buenos actores y, al mismo tiempo, poner en juego su capacidad para reconocer reglas y estilos de interacción en los grupos con los que convive. Estos escenarios de interacción dan pie a la construcción de un universo simbólico que deviene en redes de significado que forman parte de la inteligencia social. Implica el desarrollo de habilidades cognitivas puestas al servicio de la comprensión de estas situaciones y de las secuencias de interacción y comunicación que muchas veces los acompañan.

Esta mirada implica abandonar la perspectiva de “déficit de desarrollo” con la que suele etiquetarse a los niños de los albergues y, al contrario, reconocer las capacidades y potencialidades de los infantes para plantear, desde esta perspectiva, programas que estimulen de la mejor manera posible esas potencialidades.

Interacciones sociales y desarrollo psicológico en situaciones de uso de poder, de Everardo Camacho, es un trabajo muy fino y original de investigación experimental sobre el uso del poder por parte de los niños y sobre cómo cambian sus comportamientos en el transcurso de un año, tiempo en el cual se explora lo que podrían ser tendencias en el uso del poder en las relaciones e interacciones sociales, producto del desarrollo cognoscitivo de los niños y la influencia de sus entornos socioculturales.

Los estudios en nuestro país que abordan este tema son escasos y, en este sentido, es una investigación que arroja luz sobre un aspecto que suele soslayarse en la investigación psicológica del desarrollo. Este trabajo resulta atractivo, además, por el diseño metodológico de las situaciones experimentales, la operacionalización de una variable compleja, como es el poder, y las situaciones experimentales en las que se exploran las interacciones y los usos de diversos tipos de poder otorgados a los sujetos experimentales. De igual modo, el conocer cómo se utiliza el poder en situaciones experimentales y cómo evoluciona con el paso del tiempo puede ser un primer paso para estudios etnográficos con mayor validez ecológica.

Tere Morfín y Luis Miguel Sánchez, en Factores familiares y socioculturales en el desarrollo afectivo de niños y adolescentes mexicanos: su influencia en las conductas suicidas, abordan un aspecto que nos compete a todos como sociedad y, en particular, a quienes tenemos una formación en ciencias sociales, educación, salud y psicología. Es un tema doloroso que lleva a una obligada toma de conciencia acerca de los efectos perniciosos del modelo de desarrollo económico imperante y de su aparato ideológico al que, quizás, alentamos y promovemos.

Con datos duros, los autores muestran uno de los rostros más resaltantes de estos efectos: el del suicidio entre adolescentes. Los números citados nos dicen que la tasa de suicidios de jóvenes entre quince y diecinueve años por cada cien mil habitantes se ha triplicado en menos de cuarenta años en nuestro país. El suicidio se ha convertido en la segunda causa de muerte entre la población juvenil. Éste no se da sólo; es una decisión que se va construyendo de manera paulatina, dolorosa y, en ocasiones, inconsciente, en un entorno sociocultural caracterizado por interacciones disfuncionales en el núcleo familiar en primera instancia y, en consecuencia, en otros espacios de socialización, como la escuela o los grupos de compañeros.

Los autores hacen hincapié en que la comprensión profunda de este fenómeno y la indagación precisa de las configuraciones socioculturales que lo propician es una vía para generar acciones educativas, preventivas y de apoyo que ayuden a disminuir el estrés parental y encontrar en su capital afectivo la motivación y la fuerza para construir la calidad de vida que requiere el desarrollo armónico de los niños y adolescentes.

Margarita Maldonado presenta El rol de la abuela en el desarrollo de los niños. Es un estudio sobre la “abuelidad”, esto es, lo que significa ser abuela en contextos sociales de pobreza extrema. El estudio, descriptivo y exploratorio, devela una realidad dura, en la cual se desdibuja el imaginario sobre las abuelas que tienen todo el amor, pero poca o ninguna responsabilidad. De nuevo, las condiciones socioeconómicas que trastocan los roles tradicionales en las familias alcanzan también a estas figuras parentales. Un dato que llama la atención es el incremento de las familias extensas en los últimos años, en las que pueden convivir hasta tres generaciones y en las que las abuelas maternas son “el centro de unión de la familia”.

En estas familias extensas las abuelas tienen un rol de cuidadoras y educadoras, que va más allá de su papel tradicional. Se trata de un estudio inicial, pero que abre un campo donde hay muy pocos estudios en nuestro entorno mexicano y que plantea preguntas acerca de cómo impacta este cambio de rol en el desarrollo de los nietos, en la dinámica de la familia y en el valor que las propias abuelas atribuyen a su nuevo papel.

Los dos últimos textos son una revisión crítica de literatura sobre el desarrollo cognoscitivo, del lenguaje, el papel del juego en el desarrollo y la literacidad de niños mexicanos. En el primero, Desarrollo cognitivo, del lenguaje oral y el juego en la infancia, de Vanessa Toledo y Rebeca Mejía, se abordan los tres primeros temas, y en el segundo, El desarrollo de la literacidad en los niños, de Itzel Aceves y Rebeca Mejía, el último.

El valor de estos textos radica en que ofrecen una mirada, así sea a vuelo de pájaro, del estado de la investigación del desarrollo de estas variables entre niños mexicanos. Las autores del primero de ellos resaltan que, si bien hay estudios que abordan el desarrollo cognitivo y del lenguaje, hay una carencia de los que relacionan este desarrollo con los entornos socioculturales, en particular en contextos urbanos. También destacan la escasez de estudios sobre el papel del juego en el desarrollo psicocultural de los niños. Las pocas investigaciones sobre el tema son estudios descriptivos acerca de la influencia del contexto social en los juegos de los niños y la relación entre juegos y roles de género, a pesar de la importancia del juego como un impulsor del desarrollo cognitivo, afectivo y social de los niños, como lo señalan Piaget y Vygotski.

El segundo texto aborda el desarrollo de la literacidad; después de presentar las diversas perspectivas teóricas y las metodologías a partir de las cuales se ha estudiado el tema, las autoras ofrecen un breve recuento de las aportaciones que, desde la teoría psicogenética, se han hecho a la comprensión de la evolución de la literacidad en sus primeras etapas de construcción. El trabajo seminal de Ferreiro y Teberosky se complementa con la revisión de estudios posteriores en esta misma línea. Asimismo, analizan la influencia del medio sociocultural en el aprendizaje de la lectoescritura; es evidente que los niños que provienen de ambientes con bajos recursos económicos y escaso capital cultural, ingresan con desventaja a la enseñanza formal de la lectura y la escritura. En contrapartida, la escuela no ajusta sus estrategias de enseñanza a las características de estos niños y sus entornos socioculturales, lo que origina que no se logren los desempeños esperados.

La relación convergente entre escuela, familia y comunidad en torno al desarrollo de la literacidad es obligada para revertir las carencias que provienen del entorno y de prácticas escolares enajenantes, carentes de significado y sentido. Incorporar en la escuela las prácticas letradas de la comunidad y llevar de la escuela a los hogares prácticas letradas para hacer de la lectura una práctica social y no una simple práctica escolar, es un camino para el desarrollo de la literacidad no sólo de los niños, sino de la comunidad misma. De este modo, se construye una plataforma que cohesiona y vincula estos dos escenarios de aprendizaje.

Sin duda, los estudios empíricos incluidos en este libro reflejan una trayectoria y un campo de interés de los autores, cuya producción académica resulta un valioso diálogo de prácticas y saberes.