ENTREVISTA_DENISE_NAJMANOVICH

Entrevista a Denise Najmanovich1

¿Hacia dónde considera usted que debería caminar la educación en México y América Latina durante los próximos años?

Hay muchas respuestas posibles; voy a tratar sólo dos de las cuestiones que considero más importantes. Por un lado, el problema de la exclusión de la educación de todos los niños, las niñas y los adolescentes de nuestros países. Hemos pasado periodos en toda Latinoamérica de proyectos que han intentado y en parte, lamentablemente, han limitado los recursos del Estado para que funcione la educación pública, al destruir muchos espacios y proyectos vitales, en particular de aquellos que menos tienen. Hemos vivido muchos años destructivos de la educación por políticas neoliberales y es imprescindible no sólo reconstruirla, sino democratizarla. La escuela, al igual que todas las instituciones de la modernidad, ha sido una estructura jerárquica basada en la disciplina y obediencia. El desafío contemporáneo implica recuperar el derecho a la educación para toda la población, así como ampliar este derecho reconociendo la diversidad y transformando las relaciones disciplinarias en vínculos colaborativos en todos los niveles de la organización escolar. Además, es crucial disolver los muros que separan la escuela de la comunidad; facilitar la formación de redes y prácticas educativas en función de las necesidades, potencias y valores locales, al mismo tiempo que integradas al mundo. Es una gran deuda educativa pendiente desde un punto de vista social y político.

Hay otro punto de vista que además de ser social y político, porque todo lo que compete a la educación lo es, nos lleva a destacar los aspectos cognitivos y éticos, a tal punto que podemos llamarlo una revolución en el saber contemporáneo. Esta transformación no viene exclusivamente de la mano de las nuevas tecnologías, aunque es imprescindible reconocer su importancia y valor en dos sentidos:

• Nos permite la construcción de redes vinculares y extender nuestras posibilidades de llegada a muy distintos sectores con materiales de calidad y disponibles en forma gratuita. Que esto suceda no depende sólo de la disponibilidad tecnológica como nos quieren hacer creer muchos sectores que podríamos llamar “tecnofilicios”, sino de una fuerte intervención ciudadana decidida a profundizar el desarrollo de una red abierta donde no se cobre por el conocimiento, en la que todos los materiales estén disponibles para todos y, así, poder contrarrestar los poderosos intereses corporativos aliados a políticos negligentes cuando no corruptos.

• Las nuevas tecnologías son fundamentales porque facilitan un modo de producción y circulación del conocimiento que nos lleva a reconsiderar profunda y totalmente el significado de la educación y el conocimiento. Sin embargo, insisto en que la transformación se sirve de la tecnología, pero no está determinada por ella. El gran cambio necesario es ante todo ético, vincular y cognitivo.

La escuela se ha organizado a partir de un modelo de conocimiento basado en la repetición, en la aceptación de lo ya establecido. Para lograrlo, era imprescindible la obediencia, valor ético principal de la escuela moderna. En este siglo XXI, entramos a un mundo donde esta concepción carece de sentido. Hoy, conocer no tiene que ver con repetir ni con disciplinarse, sino con investigar, explorar, producir, ser capaces de expresarnos de muchas formas y a través de diversos medios. Por eso, el desafío contemporáneo en educación no puede limitarse a llegar a todos los sectores; es preciso cambiar radicalmente en todos los ámbitos los paradigmas y modelos relacionales desde los cuales se ha establecido la educación en la modernidad.

El modelo de enseñanza se estableció como una transmisión unidireccional del maestro al alumno, del que posee el saber a otro que carece de él. Como si el conocimiento fuera un producto en el mercado, como si uno comprara cierta cantidad de conocimiento. En la actualidad, comienzan a expandirse nuevos modos de concebir el saber y el aprendizaje basados en metáforas que ponen el acento en la exploración y la investigación colectiva; es decir, estamos pasando de un modelo fuertemente individualista basado en la competencia a otro capaz de comprender y aprovechar la inteligencia colectiva y la creación conjunta. En la era de las redes ya no tiene sentido pensar en un individuo aislado que aprende, sino sujetos-entramados que son parte de un colectivo inteligente. Esa inteligencia ya no es pensada sólo desde la lógica; también estamos comprendiendo la importancia de los afectos y las emociones en la producción de saber.

Pasar de un modelo jerárquico disciplinario a una escuela colaborativa nos exige transformar todos los vínculos al interior de la escuela y entre las diversas instituciones educativas y la comunidad. El cambio no se reduce a una necesidad de nuevas teorías pedagógicas o de más cursos de capacitación; hay que ir cambiando la estructura institucional, los modelos relacionales, crear una nueva atmósfera afectiva y construir un paisaje ético donde el encuentro y la potenciación mutua sean los motores de un aprendizaje creativo que nos permita aprender a aprender juntos.

¿Podríamos hablar de un modelo educativo predominante?

Existe todavía un modelo predominante en México y en el mundo que tiene que ver con la concepción moderna del conocimiento sobre la cual se ha estructurado la escuela. Esta concepción ha generado una organización escolar jerárquica en la que no hay posibilidad de construcción de redes transversales, no hay el reconocimiento de la potencia del colectivo, todavía seguimos hablando del individuo como si fuera un ser aislado y los modelos de evaluación, sobre todo, siguen estando sesgados por una concepción individualista y, además, repetitiva-cuantitativa. Más aún, ese modo de evaluar sólo considera el acuerdo o desacuerdo de la respuesta del alumno con una pregunta muy limitada que se supone tiene una respuesta única, clara y distinta. No se evalúa el saber entendiéndolo como la capacidad de pensar, investigar, explorar y producir hipótesis, testearlas y generar sentido, acorde con las necesidades contemporáneas; más bien se testea la obediencia y el disciplinamiento, que era lo que precisaba la sociedad del capitalismo industrial-mercantil.

En cuanto a la adquisición de bienes tecnológicos, en el caso mexicano y latinoamericano, si es por motivos meramente políticos, puede llegar a ser un gasto y no una herramienta que haga posible las redes al no estar dentro de un plan con objetivos específicos.

No se trata de cuántas computadoras ni si son muy modernas o no. Hay experiencias en todo el mundo. Sugata Mitra, en particular, en la India, ha desarrollado una experiencia extraordinaria con niños utilizando tecnologías básicas, accesibles y muy baratas. Por eso, tenemos que destacar que el cambio es cultural, ético y político y no meramente tecnológico; en muchas partes del mundo, el comprar computadoras puede ser un buen negocio para que funcionarios y empresas aprovechen los recursos públicos. Si bien la transformación educativa puede beneficiarse mucho de las nuevas tecnologías, en ningún caso el acento está puesto ni en el hardware (los aparatos) ni el software (los programas); el centro de gravedad es y será siempre lo que podemos llamar humanware: el factor humano. El cambio crucial es que nos lleva de pensar el conocimiento como un producto a concebirlo como un proceso; de creer que es una actividad individual a reconocer la importancia de lo colectivo; de suponer que el saber es puramente intelectual a reconocer que el aprendizaje se da siempre en función no sólo de la inteligencia, sino de las emociones, los afectos, los estilos vinculares. Es preciso dar pasos concretos y urgentes en la construcción de redes de docentes; la creación de comunidades de práctica que avancen en la construcción de nuevos modos de relación entre los docentes, con los alumnos y de todos ellos con el conocimiento.

En Argentina, venimos desarrollando un proyecto de acompañamiento docente en el que, a través de las redes y la formación de comunidades docentes, construimos nuevos modos de desarrollar la tarea educativa. Estas redes de intercambio no parten de una indicación desde arriba, sino que se va construyendo con una estrategia de abajo arriba, desde los propios docentes que reflexionan sobre su actividad cotidiana en plataformas virtuales que unen a profesores de distintos lugares del país, asignaturas y roles institucionales, con un objetivo común: aprender a aprender para aprender a enseñar. Si bien estas redes participan en una estrategia de transformación que parte de la implicación de los docentes y del encuentro transversal, en muchos casos son promovidas por gestiones educativas que desde el Estado comprenden la importancia de una transformación no verticalista. Esta propuesta parte de la convicción de que el problema de la educación no es tecnológico; es siempre humano y sólo puede resolverse incluyendo a todos los sectores de la comunidad educativa. La solución está en cómo nosotros aprovechemos estas tecnologías no para seguir haciendo lo mismo, sino para renovar por completo lo que concebimos como conocimiento y la forma de compartirlo.

¿Qué retos considera prioritarios?

La construcción de las redes de docentes que vayan trabajando en la producción de nuevas formas de enseñanza, aprendiendo a compartir también, porque todos hemos sido educados en un modelo competitivo y tenemos que aprender a trabajar en redes colaborativas, pero no se aprende por decreto o haciendo un curso: se aprende produciendo redes, generando comunidades, gestando nuevos modos de compartir el saber y de producirlo al mismo tiempo.

La necesidad imperiosa de modificar los sistemas de evaluación. No podemos cambiar el sistema de enseñanza y luego evaluar del modo establecido por el viejo paradigma. Los modelos de multiple choice o de prueba estandarizada sólo sirven para obtener alumnos obedientes. Necesitamos nuevos modelos de evaluación que tiendan a la producción colectiva, grupal, a la educación multimedia y a la capacidad de la elaboración de la información, producción y comprensión de la información a partir de ello.

La transformación educativa en la que muchos estamos trabajando implica un cambio multidimensional que afecta a los vínculos tanto entre el docente y el alumno como al modelo organizativo, que debe pasar de la estructura piramidal a las redes colaborativas; se transforma también aquello que entendemos por conocimiento, así como sus formas de producción, circulación y evaluación. El cambio fundamental es el de los valores, pues pasamos del paradigma del tener y acumular al de producir y compartir; privilegiamos el diálogo a la obediencia y hacemos lugar al disenso; valoramos la memoria y al mismo tiempo promovemos la creatividad; no castigamos el error, sino que buscamos aprender de él; reconocemos las inevitables lagunas de todo saber y así estimulamos el deseo de seguir siempre investigando.


1 Epistemóloga que colabora en el Doctorado Interdisciplinario de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Argentina. Profesora invitada del doctorado de Educación de la Universidad del Atlántico, Barranquilla, Colombia. Asesora académica de la Fundación para el Desarrollo y la Promoción de las Redes Sociales. Trabaja en temáticas relacionadas con el enfoque de la complejidad, los nuevos paradigmas, subjetividad y redes.


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