ENTREVISTA_LORENA_WOLFFER

Entrevista a Lorena Wolffer1

¿Hacia dónde considera usted que debería caminar la educación en México y América Latina durante los próximos años?

Yo creo que resulta urgente encontrar formas más inclusivas de generar y compartir el conocimiento y los saberes. Nos acostumbramos a que hay personas e instancias que poseen esto que llamamos el saber y hay quienes no; es decir, hay saberes que han sido validados a lo largo del tiempo y otros que ni siquiera son considerados como tales.

Es fundamental ampliar la gama de aquello que entendemos como los conocimientos y saberes para entonces transformar las maneras en que se transmiten, interpretan y generan dentro de la universidad. Ciertas categorías deben ser cuestionadas para propiciar que las alumnas y los alumnos abandonen su papel de espectadores pasivos en la recepción del conocimiento para transformarse en agentes activos de su producción. Este planteamiento resulta beneficioso tanto para docentes como estudiantes en un país con tantas disparidades como México, en donde únicamente ciertos grupos tienen acceso a la educación.

La mayoría de la población está marginada de la educación y creo que una forma de subsanar esta realidad sería justamente reconociendo que el conocimiento no sólo proviene de la academia y de los modelos pedagógicos tradicionales, sino que puede ser producido por las comunidades, los individuos y los sujetos, y que es tan válido el saber que yo pueda producir desde mis experiencias como aquel que puedo aprender en una escuela o en una universidad. Creo que conforme aprendamos a vernos unas a otras, o unos a otros —y en esa mirada exista un reconocimiento de lo que podemos enseñarnos mutuamente— podremos empezar a hablar de una educación para todos y para todas, donde todas las personas tengamos lugar.

¿Ha trabajado en algún modelo educativo alterno?

En el Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM (PUEG), hemos estado trabajando en un experimento con las y los estudiantes en los seminarios de posgrado. De manera paralela a los planes de estudio, yo he estado introduciendo una faceta performática en los seminarios a través de la cual los alumnos y las alumnas le otorgan un lugar a sus experiencias y a sus vivencias en el entendimiento y la interpretación del conocimiento, pero también en su generación. Por ejemplo, si leemos un texto de Judith Butler es tan válido el texto ésta como las experiencias que una alumna pueda haber tenido frente a dicho texto y lo que ella le responda a Butler. Partimos de la idea de que la enseñanza, los conocimientos, los saberes, nos atraviesan: no somos solamente intérpretes y receptoras del conocimiento, sino que ese conocimiento atraviesa y transforma nuestros cuerpos, representaciones y narrativas, transforma quienes somos.

Distintos artistas hemos propuesto otras formas de generar y validar los conocimientos. Creo que las posiciones estables del maestro o la docente y el alumno y la alumna como tales tienen que ser erradicados; la idea de que alguien ostenta y posee un conocimiento que es el correcto y que es el que debe ser transmitido, debe ser debatida, desde mi punto de vista. Para mí son igualmente válidos y legítimos los conocimientos del profesor o la profesora, como aquellos de las alumnas y los alumnos. Se trata de cuestionar un discurso en el que hay partes sociales —entiéndase los maestros— que son dueños del conocimiento y que están aquí para enseñarnos.

Existen otras formas de enseñar y otras formas de aprender. Un artista, cuyo nombre no recuerdo, por ejemplo, se dedicaba a recoger recetas de personas, preguntando ¿en qué eres bueno? Si esa persona afirmaba ser buenísima haciendo mole, el artista transcribía la receta. Si la siguiente persona declaraba ser buena arreglando motores de auto, también se incluía esa receta, y así sucesivamente. Se trata de otra mirada en la que es tan válido un conocimiento como el siguiente.

La novelista Chimamanda Adichie en la conferencia “The Danger of a Single Story”, que impartió TEDtalks, disputa la idea de la historia única o la Historia, en la que existe sólo una forma de interpretar, de conocer. Adichie argumenta que el gran peligro de la historia única es que, conforme se repite, el efecto que produce es que se va transformando en la historia única. Si la información que tú recibes sobre un hecho o persona es sesgada, cuando tienes noticia de lo demás te confronta porque has vivido creyendo lo que te había sido dado: la historia única.

Yo abogo por una educación en la que existan tantas historias como personas, en la que se reconozca, además, que la interpretación de las historias, los conocimientos de cada persona, son tan válidas como los de la persona de enfrente. No existe una historia única. En esa medida, en un país tan dispar como México, podríamos reconocernos entre todas y todos.


1 Lorena Wolffer es artista y activista cultural. Ha presentado su obra en Canadá, China, Eslovaquia, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Hungría, México, el Reino Unido, la República Checa y Venezuela. Desde hace más de veinte años, el trabajo de Lorena Wolffer ha sido un sitio permanente para la resistencia y la enunciación en la intersección entre el arte y el activismo. Mientras en su propia obra artística aborda asuntos relacionados con la fabricación cultural del género y tenazmente defiende los derechos, la agencia y las voces de las mujeres, también ha producido, facilitado y curado decenas de proyectos con múltiples artistas en plataformas como el museo, el espacio público y la televisión. Desde la creación de radicales intervenciones culturales con diversas comunidades de mujeres hasta la elaboración de nuevos modelos pedagógicos para el desarrollo colectivo de conocimientos situados, estos proyectos se producen dentro de una arena que reconoce la pertinencia de los lenguajes experimentales y desplaza la frontera entre las llamadas alta y baja cultura. Wolffer es una artista comprometida y su quehacer —un escenario para la voz, las representaciones y las narrativas de otras y otros, habitualmente invisibles en el contexto mexicano— articula la posibilidad de una realidad social cimentada en el respeto y la equidad.

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