ENTREVISTA_CARLOS_MORFIN

Entrevista a Carlos Morfín Otero SJ1

¿Hacia dónde considera usted que debería caminar la educación de México y América Latina en los próximos años?

Voy a considerar sólo dos retos para la educación en México y América Latina. El primero consiste en hacer accesible el derecho de todas las personas a una educación de calidad a lo largo de su vida.

Hace dos años, en el análisis “Llegar a los marginados. Informe de seguimiento de la educación para todos 2010”, el relator de la UNESCO mencionó que 34 millones de mexicanos están en una situación de rezago educativo. De esos, siete millones son analfabetas, 1.4 millones de niños no asisten a la escuela, 1 324 000 tienen menos de cuatro años de estudio, y apenas se puede estimar el número de analfabetas funcionales. Otro dato más reciente, aunque menos preciso, es que se calcula que de los 600 000 jóvenes aspirantes en edad de cursar la educación superior, alrededor de medio millón quedaron este año fuera de las aulas.

Hoy, en nuestras sociedades, la posibilidad de acceder a una vida digna pasa por el acceso al saber y el conocimiento. La negación del derecho a una educación de calidad a lo largo de toda la vida para todas las personas “en un mundo globalizado y caracterizado como ‘sociedad del conocimiento’, perpetúa la pobreza, margina a las personas a situaciones de sobrevivencia y niega sus oportunidades de vida digna. Mientras que allá donde se garantiza el derecho a la educación, se mejora el acceso a las personas a otros derechos y su disfrute” (Derecho a la Educación para Todas las Personas, GIAN, Madrid, España, 24 de julio de 2012).

Un segundo reto que se le presenta a la educación en América Latina y, en particular en México, se reduce a una sencilla pregunta: ¿educar para qué? Se ha dicho que el acceso a la educación posibilita la transformación de las personas y su realización y dinamiza la construcción de la sociedad que deseamos. Esta afirmación, que aparentemente se puede considerar como una verdad de Perogrullo, puede quedar desmentida al ser contrastada por algunas dinámicas de nuestras sociedades, como la acumulación desorbitada de capital en pocas manos; la oferta de trabajo insuficiente o mal remunerada, incluso para muchos que han concluido estudios universitarios y posgrados; la elaboración y aprobación de leyes que no repercuten en una mayor justicia o equidad; la competitividad desigual e, incluso, la corrupción y abuso de poder por parte de ciudadanos que han tenido una educación esmerada. Entonces, ¿educar para qué?

Nuestros países en América Latina presentan retos que no pueden quedar al margen de la tarea educadora. Presento algunos: superar la pobreza, es decir, reducir la brecha entre ricos y pobres imaginando y creando nuevas formas de organización social y económica; fortalecer las instituciones encargadas de impartir justicia de manera que la población pueda tener un acceso expedito y gratuito a ella; garantizar el respeto a los derechos humanos de cada miembro de nuestras sociedades; fortalecer las instituciones que garanticen la democracia y la transparencia en las elecciones; construir la paz y el tejido social de nuestras sociedades tan fracturadas por la violencia y la corrupción.


1 Provincial de México de la Compañía de Jesús.

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