ENTREVISTA_CRISTOBAL_COBO

Entrevista a Cristóbal Cobo Romaní1

¿Hacia dónde considera usted que debería caminar la educación de México y América Latina en los próximos años?

En primer lugar es fundamental dejar de atender el problema de la educación de una manera desagregada o desconectada. Hay demasiadas duplicidades que resultan estructurales en América Latina; por ejemplo, se podría pensar en estrategias de formación y de diseño de recursos educativos de una forma mucho más regional. Otro ejemplo: el diseño de estrategias para atender los (profundos) desafíos de alfabetización digital que tenemos en América Latina se podría desarrollar de un modo más regional; lo mismo ocurre con la capacitación y actualización docente, si se trabajan de una manera mucho más transversal y menos desagregada. A veces, pareciera que estamos “inventando la rueda” en cada una de nuestras naciones.

Algo similar ocurre con el tema de la movilidad. Deberíamos tener más movilidad entre nuestros países. Muchas veces, desaprovechamos el que haya solamente dos lenguas en toda esta enorme región latinoamericana. Esta es una gran oportunidad que no tiene ninguna otra región del planeta. Eso no lo estamos aprovechando; tampoco estamos desarrollando estrategias para simplificar el reconocimiento de grados, cualificaciones y certificaciones entre países ibero y latinoamericanos. Todavía tenemos estructuras que son medievalmente aisladas. Una internet que hiperconecta ideas y talentos no la podemos subutilizar únicamente para conectarnos a Facebook. Hay que pensar en soluciones ecológicas más complejas, pero también más orgánicas.

Otra dimensión de este fenómeno se observa en cómo la región adquiere tecnología. Ésta podría ser más diversa en cuanto a dispositivos; también, más amplia, no solamente la laptop, los proyectores y las pantallas. Aquí las agencias regionales tienen mucho más que dar de sí. Organismos como OEA, CEPAL, Mercosur, Unasur, FLACSO o Felacs deberían servir como plataformas para atender estos problemas de forma mucho más regional. Tendríamos que atribuir más importancia a la transferencia de conocimiento sur-sur o Sudamérica-México (incluyendo Centroamérica), menor aislacionismo y más integración. Padecemos de un encandilamiento permanente frente a las iniciativas que existen en los países industrializados. “Exportamos” nuestros talentos (capital humano altamente preparado) fuera y luego compramos la tecnología y servicios que ellos desarrollan desde nacionales que invierten más en ciencia y desarrollo. El tener tantos referentes culturales, necesidades e intereses comunes en nuestra región debiera ser motivo de unidad y no de disputa.

En cuanto a qué opciones puede brindar la educación a los niños que son parte de la población más pobre del país y que no pueden asistir a la escuela (considerando que: o no hay escuelas o no pueden asistir a las que hay), me parece que esta interrogante no se responde solamente con el tema de la educación. Desde el siglo XVII, la escuela ha sido pensada como una plataforma para ofrecer más oportunidades a quienes no las tienen. Sin embargo, las brechas entre lo rural y lo urbano siguen siendo una deuda pendiente, incluso en el siglo XXI.

Lo urbano sigue teniendo mucha más diversidad, más oferta, y en varios casos más recursos. Se ha creído que la tecnología satelital, las pizarras interactivas, en el caso de México, pueden resolver este tipo de disparidades entre lo urbano y lo rural. Sin embargo, la calidad y la pertinencia muchas veces quedan en segundo plano. Medimos el éxito de estas estrategias con unos indicadores que nos representan realidades distorsionadas.

Hay autores en la Universidad de Stanford, como David Labaree o Larry Cuban, que plantean la educacionalización de casi todos los problemas de nuestra sociedad. La pobreza, la desigualdad, la corrupción, la falta de oportunidades, pareciera que todo se debe a la falta de educación y suele mencionarse ésta como la solución de todos los problemas. Esta es la típica respuesta que encontramos en las políticas públicas, pero las evidencias nos muestran que en los contextos pobres, de vulnerabilidades de orden socioeconómico, o donde existen ingresos elevados de modo absurdo a través de vías paralelas a la formalidad mediante fuentes como el narcotráfico, es una falacia pensar que esos rezagos y profundos problemas sociales se pueden revertir sólo con la mejora de programas educativos. Eso es una falsedad que ha quedado demostrado tras décadas de políticas poco integrales.

No creo que la cobertura se resuelva únicamente con más tecnología, sino con diseñar sistemas educativos que ofrezcan ofertas formativas que resulten más relevantes para el contexto local, con orientaciones técnicas o profesionalizantes de calidad, que brinden las condiciones básicas para el autodesarrollo (autoaprendizaje) que, yo creo, es lo mejor que podemos brindar a las futuras generaciones; es decir, formar estudiantes para que aprendan a aprender de manera permanente. En definitiva, los problemas sociales que afectan la calidad y pertinencia de la educación no los vamos a resolver sólo con nuevos diseños curriculares o con más capacitación docente.

Respecto a qué prácticas se pueden recomendar a los docentes, desde mi perspectiva, el gran desafío está en convertir el aula en un laboratorio, en una incubadora, en un taller y no en un lugar de monólogos como ha ocurrido desde hace demasiado tiempo. Estimular la inspiración, el debate crítico y, sobre todo, la combinación de disciplinas, de edades y planteamientos teóricos con el trabajo en contextos de aprendizaje más allá del aula. Cuando abrimos espacios de intercambios no planeados, estimulamos el desarrollo de nuevas habilidades, la exploración de nuevos contextos, tecnologías y metodologías. Tenemos que pensar en estrategias más atrevidas y menos lineales. Necesitamos ver enormes cantidades de creatividad dentro y fuera del aula, a fin de convertir a nuestros estudiantes en exploradores, investigadores, en individuos que no paren de hacer preguntas, de experimentar, probar y mezclar tecnologías, conocimientos y disciplinas.


1 Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Se desempeña como investigador asociado del Oxford Internet Institute de la Universidad de Oxford. Ha colaborado en proyectos académicos con diversas organizaciones, entre ellas la Secretaría de Educación Pública en México.

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