ENTREVISTA_GERMAN_SOLINIS

Entrevista a German Solinís1

¿Hacia dónde considera usted que debería caminar la educación de México y América Latina en los próximos años?

El tema de la conferencia a la que me invitó el ITESO, y con la que se celebran los quince años de la Cátedra UNESCO-ITESO en Gestión del Hábitat y Desarrollo Socialmente Sustentable, hay que situarlo en su historia. La cátedra ha venido trabajando sin interrupción con base en principios que fueron experimentales en su origen, ya que se postulaban principios educativos un poco novedosos y creativos; la historia va a decidir qué resulta de ellos, pero tienen la intención de proponer nuevos caminos para solucionar el problema del hábitat y el de carácter urbano en general mediante un ejercicio profesional innovador y alternativo.

El ciclo de actividades académicas tiene el objetivo de retomar las lecciones o aprendizajes más importantes durante estos quince años para reubicar el curso de la cátedra y saber qué se logró, qué se pudo hacer. Será un trabajo de sistematización y metodología en el sentido estricto de la palabra y que, naturalmente, tiene que ver con la educación y con lo urbano, desde el sentido más amplio de estos términos.

Un elemento fundamental del contexto es que el mundo de 2012 es un mundo urbanizado, en general, por el hecho de que la mayor parte de la población mundial vive en asentamientos urbanos, que tienen rasgos específicos y se diferencian de los rurales. El mundo del hábitat urbano, digamos, es distinto en cuanto a particularidades y condiciones del rural. El hecho de que el mundo actual sea considerado en forma mayoritaria como urbano no significa que el campo ya no exista, sino que, por las condiciones históricas y sobre todo económicas, estamos viviendo en otro tipo de sociedad que apuesta a las características de producción y de consumo urbanas, o que implican un asentamiento humano urbano.

Uno de los principios de esta cátedra UNESCO-ITESO es apostar a una consideración de la educación profesional, de la educación del futuro profesional de la ciudad como una educación totalizadora, en el sentido de que se apuesta por una educación de calidad del futuro profesional en la medida en que éste no sea exclusivamente un experto en la solución de los problemas técnicos constructivos o urbanísticos, sino una persona capaz de entender la totalidad de elementos que influyen en la producción del espacio urbano. Esto implica que el futuro profesional de la ciudad debe entender, comprender y saber analizar las dimensiones social, económica, política y cultural de la ciudad.

Otro de los postulados es dar una atención específica o especial a la ética como una dimensión que influye en una educación de calidad y, por lo tanto, en un ejercicio profesional de calidad. Esto, en cuanto a la educación de los futuros profesionales, pero es una concepción de la educación totalizadora, ya que también supone la educación de todos los agentes que contribuyen a la producción del espacio urbano, y esos agentes no son ni con mucho exclusivamente los profesionales. Los principales agentes son los habitantes, aquellos que viven en la ciudad, que moran, trabajan y se divierten en ella. Los ciudadanos común y corrientes y que, además, tienen papeles sociales que desempeñar. Pueden ser agentes que toman decisiones en lo político y en lo económico. Pueden ser también grupos sociales organizados, de presión o de solución. La educación, entonces, debería considerar este principio ético dentro de la educación totalizadora, junto con la educación de los profesionales, la educación de la mayor parte de los agentes o los actores que intervienen en la producción del espacio, esto es, el contexto.

De estos mismos grupos ¿ha encontrado similitudes en problemas que surjan en países como México y que se puedan comparar en América Latina?

Es muy difícil establecer estas comparaciones, pero sí podríamos decir que hay algunas similitudes en el desarrollo de este tipo de experiencias en América Latina, donde hay países que parecen más adelantados que otros en la solución de los problemas urbanos y son los que han partido de un respeto por lo que podríamos llamar las políticas públicas urbanas, que pueden ser de transporte colectivo, por ejemplo, o de habitación.

La tendencia en otros países, que podría considerarse más convencional y, por lo mismo, un poco menos adecuada para solucionar los problemas, es aflojar la necesidad que tiene la sociedad de ser regulada por políticas públicas que le permitan en determinado momento solucionar problemas que son, de entrada, de naturaleza conflictiva. Cualquier asunto social es conflictivo por naturaleza, simplemente por el hecho de que la sociedad se compone de una diversidad de actores y cada actor o grupo de cada diversidad tiene sus propios intereses, y éstos a veces no son compatibles.

Si no hay una regulación pública que busque el bien público, el bien de la mayoría, en general, entonces van a ganar los grupos de intereses que tengan más poder, pero que no supongan necesariamente las mejores soluciones para la mayoría. Por eso, los países más avanzados en América Latina son los que han apostado al desarrollo de políticas públicas locales o nacionales para solucionar los problemas urbanos, en particular los de transporte público.

A pesar de algunos problemas interesantes en México, no se ha atendido con suficiente importancia el del transporte, salvo el caso muy particular del Distrito Federal. En Guadalajara, por ejemplo, todo mundo lo vive a diario. La ciudad no fue jamás ni diseñada ni planeada para el parque automovilístico que tiene; por eso hay tantos problemas de vialidad. Esto, sin mencionar el tiempo que tienen que invertir diario quienes no tienen automóvil para desplazarse a sus lugares de trabajo, ida y vuelta. Todo ello genera que la ciudad sea de hecho invivible a ciertas horas del día y supone que todavía no haya una real política tapatía para solucionar los problemas de transportación de personas. No hay un transporte público suficiente para las necesidades de la ciudad.

Un país del que podríamos aprender muchas cosas en América Latina respecto a lo urbano es Brasil, cuya política en este aspecto es relativamente nueva (ocho a diez años) y se considera en la nueva ley federal “El Estatuto de la Ciudad”. Brasil, en el pasado, tuvo problemas muy fuertes de seguridad y funcionamiento urbano en sus grandes ciudades, y en este momento ha avanzado mucho en su solución. Espero que en México las cosas vayan mejorando, pero por el momento no se ve muy clara la orientación política en cuanto a lo urbano.

Por supuesto, el gran problema de la situación mexicana en ciertas ciudades es la percepción que tiene la ciudadanía de una ciudad peligrosa. El peligro o la falta de seguridad que siente el ciudadano común hace que la relación que podríamos tener, pacífica digamos, con nuestro entorno se convierta en una amenaza.

¿Cuáles serían los elementos que se revisarían sobre el sustento ético de donde parte el planteamiento?

Hay dos consideraciones fundamentales. La primera es que estamos siempre regidos, explícita o implícitamente, por valores; todas nuestras decisiones se toman no sólo en términos de oportunidad o de interés, sino de valores y, muchas veces, lo hacemos sin saber; tomamos una decisión porque sí, pero no es cierto que sea porque sí. Atrás de ese sí hay ciertos valores que están tan introyectados o tan implícitos en nuestro comportamiento que conviene, pensamos, hacerlos explícitos para revisar, para ver si tengo razón de decir que sí. Por eso, hay ciertas modalidades que conviene seguir, o no.

Una de las hipótesis de la defensa de esta dimensión ética, en lo cotidiano, como uno de los pilares de la educación, es que la ética nos puede permitir revisar de manera crítica estos valores a los que les estamos diciendo “sí” todos los días en nuestra vida cotidiana y en nuestro ejercicio profesional.

A qué estamos obedeciendo, a final de cuentas, en términos de elecciones personales cuando actuamos como profesionales o ciudadanos, o políticos. Ahí radica la importancia que le damos a la reconsideración de la dimensión ética en la educación.

La otra consideración es una especie de presupuesto en el que, si retomamos la ética desde este punto de vista, quizá podremos transformar nuestro hacer profesional y nuestro quehacer cotidiano con mayor facilidad. Es evidente que lo que urge es cambiar el mundo, que está en crisis por diferentes razones; tenemos algunas alternativas o cerramos los ojos, los oídos, la boca para hacer como si todo estuviera bien; o nos encerramos para no correr peligro o no afrontar el conflicto o la inseguridad, o bien, tratamos de entender lo que está pasando para tener una orientación más consciente para luchar. Ese es el principio de transformación que anima el cambio hacia el futuro.


1 Doctor en Ciencias Sociales por la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Profesor invitado de instituciones de educación superior como la Universidad Politécnica de Cataluña (España), Ecole Polytechnique Fédéreale de Lausanne (Suiza), Institut des Hautes Etudes Internationales et du Développement (Suiza), Université de Louvain la Neuve (Bélgica), entre otras. Vive en París y es coordinador de redes de investigación en ciencias sociales del programa Management of Social Transformations (MOST) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), desde allí se dedica a observar y a estudiar problemas urbanos, políticos y sociales en diversas ciudades del mundo.

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